Trance y Revelación reúne una serie de pinturas desarrolladas en torno a la experiencia de lo trascendental en el presente, donde la pintura funciona como un espacio de canalización y aparición de imágenes. En un mundo cada vez más tecnodigitalizado emerge un intento de resurgimiento contemporáneo de la fé y la tradición. Como el propio artista define, habitamos un período technobrista, donde lo espiritual no desaparece sino que se transforma y se desplaza hacia nuevas formas de experiencia.
Las obras de Trance y Revelación se sitúan en ese territorio ambiguo donde lo espiritual intenta reaparecer en el presente.
Ésta obra se amplía en el tiempo y sigue desarrollándose, plasmando la identidad, la pertenencia y los nuevos modos de percibir la realidad.




Imágenes tomadas en C.C. Las Columnas, Sevilla.
25.5.26 - 29.5.26


Presentar por primera vez Trance y Revelación en el barrio de Triana supone situar esta serie pictórica en un territorio donde la experiencia de la fe continúa formando parte de la vida cotidiana. En un contexto profundamente marcado por la tradición sacra, la exposición establece un diálogo entre dos formas de entender lo trascendental: la heredada de la religión y aquella que comienza a emerger en la contemporaneidad. Más que enfrentar ambas perspectivas, las obras invitan a preguntarse hacia dónde se desplazan hoy los mecanismos de creencia, comunidad y revelación en una sociedad cada vez más fragmentada.
Si durante siglos la fe encontró en las imágenes, las procesiones y los rituales un vehículo para alcanzar estados de elevación espiritual, hoy asistimos a la aparición —o quizá a la intensificación— de otros espacios capaces de generar experiencias similares. La música, la danza, la noche o la vivencia colectiva de la fiesta aparecen como rituales contemporáneos donde el individuo busca, una vez más, la pérdida del yo, la pertenencia al grupo y la posibilidad de una revelación.

Desde esta perspectiva, Sevilla no solo conserva una tradición ritual; sigue siendo una ciudad capaz de producir estados de trance colectivo. Cambian los símbolos, cambian los lenguajes y cambian los escenarios, pero permanece intacta una necesidad profundamente humana: construir espacios donde lo individual se diluye para experimentar algo que nos trasciende. Es precisamente en esa continuidad, más que en la ruptura, donde Trance y Revelación sitúa su investigación, proponiendo que lo espiritual no desaparece en el presente, sino que se transforma y encuentra nuevas formas de manifestarse.












